viernes 8 de julio de 2011

Punto parrilla (parte 4)

Este breve trance asesino y sangriento, me aleja aún mas de las ensaladas que puedo apreciar acomodadas en la mesa de mantel de algodón cuadrillé rojo y blanco.
La comida es mi droga principal, mas específicamente, las proteínas que provienen de la carne. En varias oportunidades que dejé de comerla por tres o cuatro días, experimenté una especie de abstinencia que me toma de sorpresa generalmente en espacios públicos. Comienzo a sentir levemente un temblor interno, un temblor de vísceras, acompañado de micro sudor frío y pitido de oídos. El temblor se exterioriza en manos y boca, la expresión de mi cara se endurece. Mi sangre limpia de carne es venenosa, por eso procuro tener una extensa agenda de teléfonos de delibery de parrilla o hamburguesas en mi celular, ya que podría sufrir desmayos por intoxicación.
Dispongo en la mesada, una gran tabla de madera de haya, elijo haya porque en ocasiones toma un tinte rosado que da muy bien con el color de la carne. En fila, los panes ya semi cortados en toda su longitud reciben maternalmente a los chorizos en su punto justo. El pan francés y los miñones protegiendo a la chorizada, arriba de mi tabla formar el hexagrama “La familia/El clan”.
Comienzo a celebrar la santa misa, la carne y la sangre a comerse, a beberse.
Ellas no sospechan que una sorpresa llegará a la mesa.
No determino a quién servir primero pero me da por seguir el patrón de mayor a menor edad, sino es el caso de algún agasajo en particular.
Los sentimientos que me transmiten estas damas cuando las sorprendo, son de variado estilo: admiración, agradecimiento, gula. Mas de una vez quedaron extasiadas balbuceando.

En mi tabla de haya paseo los manjares como yendo de la cama al living, chef supremo, grill master, reina de reinas, ellas que me rodean y yo.

Continuará…

sábado 4 de diciembre de 2010

testamento que no es tal

Siento que moriré pronto, entonces quiero alrededor de mi cajón que todos garchen con quien o quienes siempre desearon de los que estén allí presentes. Sin medias tintas y entregados.
Es primavera, será en un campo del oeste. Una convocatoria a la altura de la vida que llevé. (Me gustaría saber quiénes elegirán hacer la prensa de semejante acontecimiento y qué rezará el copete!).
No se entrará con acreditación sino por portar sonrisa y un vaso que se llenará una y otra vez hasta que caiga de la mano que ya no lo podrá sostener. La bebida oficial, el champagne.
El cajón cerrado, porque quiero hasta lo último ser discreta.
Debajo del cajón, alguien (aún no tengo designado quién) dispondrá troncos, ramas y otros combustibles naturales para el gran momento místico.
Creo haber sido una buena productora de eventos, ahora deseo que cada uno imagine qué no tiene que faltar y vaya, lo instale y lo haga bien. Si hay necesidad de asistentes, contrátenlos, luego recibirán los honorarios correspondientes del dinero de los seguros cobrados por mi deceso. No escatimen en gastos. No me humillen.
Lágrimas no pueden faltar, pero sí quiero que cada uno que las derrame tenga un momento íntimo bien cerquita de mí y que las haga caer como lluvia bañando la mitad del ataúd hacia abajo, mientras acaricia la madera tan noble. Eso va para los amantes. Sé que los hay de los que me han querido (tanto), bueno, esos que derramen un poco abajo y un poco a la altura del pecho. Los amigos, a los amigos le toca mojar el corazón y la cabeza.
En este momento clave es indispensable trípodes para las cámaras fotográficas, no permitiré que critiquen fotos movidas por accesos o convulsiones de llanto cuando la fotógraf@ se de cuenta en la captura quiénes amantes, quiénes amigos, la vida siempre te da sorpresas, ratita. Es extraño que exija profesionalidad justamente yo, una diletante, pero tómenlo como la última revancha que les daré a los que adoran la profesionalidad y la técnica.

Quiero estos árboles delimitando la bacchanalia:
Eucaliptos, pinos y robles, en el centro los rayos rasantes del sol del ocaso entremetidos por las ramas.
No habrá drogas, ni asistirán bajo los efectos de ellas. No. Necesito pureza en la química que experimentarán al saber que estoy muerta, al saber que estoy yerta, al saber que estoy fría, al saber que ya no los amaré. Quiero ver en ustedes la pureza del dolor.
Indispensable una brisa para secar el sudor que provocará el sexo y una temperatura media de 26 grados y que todo comience puntual: 7pm. El final: viernes 3am.
Encima del cajón no quiero nada, nada de cartitas, ni de jazmines maricones, ni camisetas de river, para advertencia de los mas osados, porque de muerta no voy a leer, ni oler, ni gritar goles mostrando como loca la camiseta. Lo quiero limpio, de madera de haya clara, sin lustrar, que se noten las vetas. No quiero amarras de bronce o metal. No quiero amarras, porque finalmente no me llevarán a ningún lado en ese recipiente.
No sé cómo van a resolver esto, pero sino es verdad que el alma de los muertos levita en el lugar de la ceremonia por un lapso considerable, ve y percibe todo, alguien me debe informar (no se me ocurre de qué manera) de las ausencias y los motivos. Quiero conocer las caras de los cobardes. Y como me voy a morir, me pongo en exquisita y conchuda: quiero enterarme quién llegó tarde, quién no lloró, quién no se animó a garchar o no sintió el deseo, quién hizo papelones como desmayos y ataques de histeria, quién me puteó, si los que guardaban secretos de mí, fueron capaces de revelarlos, quiero saberlo todo, todo, todo, porque los que cometan tales faltas, no tendrán mi guarda. No seré su ángel. No es venganza, es castigo.
La muerte, mi muerte los tomará por sorpresa, por eso queridos, lean y relean esto y traten de adelantar lo que ustedes crean considerar, según sus funciones, para que mi partida no los tome sin previa preparación. ¿A caso mis amantes en estado de éxtasis sexual no han balbuceado babeantes “pedime lo que quieras”?Bueno, quiero que tomen en cuenta estos detalles a la hora y en la hora de mi muerte. Esto en realidad va para mis amigos, porque mas lo pienso y mas me preocupa darme cuenta que los amantes pueden desaparecer sin decir “agua va” y la ceremonia mortuoria pasaría a ser un “blef”.
Amigos míos, sean fuertes, no dejen todo en manos de la crudeza de los amantes porque creo, a esta altura, que lo que queremos es una despedida digna de mi.
En mi abanico de amantes, sabemos que el gran porcentaje está conformado por mujeres, por ende esto aumenta el porcentaje de maldad y las posibilidades de que el evento adquiera momentos ríspidos. Si la consigna del llanto íntimo “amante/amigo” se lleva a cabo, en ese punto comenzarán los resentimientos y los actos malvados entre ellas. En cambio los hombres se harán una paja imaginando boludeces como por ejemplo: dos minas garchando con él y su superpija y eso no nos molestará. Pero ellas, ellas competirán por quién moja mas, quien acaricia casi arañando el ataúd, quién se atreve primero a tallar en la madera el clásico corazón y la flecha de cupido con la inscripción “por siempre C x A” (o L o M o I o F o V, etc…) con su nueva “Victorinox”.Sé (y no voy a dar nombres) que hay quienes pondrán un pie en el momento de avance de alguna hacia mí, para que caiga arriba del cajón y todo pueda desmoronarse con riesgo de que se abra el féretro y salir despedida. Les pido, no dejen que eso suceda, no pierdan la concentración y la templanza, aunque en ese momento la amiga del amigo de la amante de tu novia, se esté garchando a tu ex. Porque no nos olvidemos que la primer consigna, con la cual comencé el testamento, se tiene que cumplir a raja tabla, ocurra lo que ocurra porque en ese momento sentirán la real libertad de expresión, concretarán el deseo mas escondido, la bajeza del deseo, el deseo sin olor a rosas, el deseo del deseo que siempre está atrás de lo que no poseemos o no nos mira o está a punto de dejar de mirarnos. El día de mi muerte asistirán todos y los que sean deseados se dejarán, los deseosos obtendrán lo anhelado porque estoy muerta y así se compensa mi perdida, queriendo todo.

Voy a terminar, antes de agotar o de resultar reiterativa y al fin desafectarlos.
Voy a pedir el deseo del condenado a muerte, quiero que dos personas se encarguen del ritual último que consistirá en lo siguiente: Tomar mis pertenencias (las que tengo, las que tienen), mis camisas, algunos libros, todas las ediciones de ada o el ardor, las cartas que me mandaron, las que no mandé, las que guardaron y ahora quieran sacrificar junto a mí, acuarelas, papeles de colores, fotos, celulares con carpetas con nombre de mujer llenas de mensajes, las cajas de los secretos, todo lo que se les ocurra deberán esparcirlo arriba de mí, luego volcar dos botellas del mejor “straight bourbon” prender un fósforo, soltarlo al aire y que caiga al centro. Para reforzar, encender las ramas y troncos puestos por debajo del cajón, mas la madera del ataúd, mas yo y todos los gases acumulados por las horas, desencadenará una combustión de mucha luz y calor.
fuego
una ronda enajenada de todos rojos bocanada cuevas ardidas en círculo me encierran mancomunados desnudos propagando un canto clarísimo lleno de vocales abiertas con largos finales vibrando fuego
que hipnotiza y dentro de él todita yo combustión pura energía diosa carismática al cielo voy sin alas y volando entrada la noche y ustedes cantando garchandose mi deseo fuego
sin fanal que contenga tanto ardor luz deseo al vuelo de alas fuego
bacantes prostitutas de mi corazón divinas para mi integras en el fuego
salgo al fin hecha fuego al cielo de la noche sin estrellas ni luna sólo mi protagonismo fuego
a fuerza de plegarias en vida pura antes de morir en amor fuego
todos en mí mirando tal espectáculo de muerte antes de las cenizas fuego
donde hubo cenizas y fuego queda.

jueves 2 de diciembre de 2010

cadena montañosa

Poso. Veo mis pies posados y a la vez dando pasos, desnudos van. Incrusto las plantas en la arena de picado grueso. Veo desde arriba. Llevo las botamangas arremangadas, recién llegada, los tobillos al antojo del agua. En el centro de la playa una cruz pirata señala que hacia el horizonte un tesoro. “Es la cita, dije, la dibujó para mi antes que yo posase, es una sorpresa que deparó para mi”. Paro y me oriento hacia lo revelado, la cadena de montañas separadas por mar. Muralla semicircular ocre se impone pero no opone, no oprime. Está a una distancia idílica donde la mirada explaya, recorre, regodea en panorámico el golpe sexual insistente del agua impotente queriendo excederla, rebasarla.
No es fácil volver y ahora sé de dónde no vuelven los que se van. Quedan amarrados allí, queriendo.
Si lo que miro se hiciera carne sería hembra todo pecho, brazos abiertos, caliente, húmeda por dentro. La querría trepar y clavarla en su cima. Es hembra abierta abrazando, me ofrezco en fin cayendo de espaldas para dejarme. Hago lo contrario al mar, quieta me quedo y en mi visión de ojo de pez con el cenit en el cielo, ella me rodea. Estoy dentro.

martes 23 de noviembre de 2010

Plegaria para una noche

Que dios guarde sus manos completas con sus dedos
Que dios guarde su saliva y los besos
Que dios guarde su respiración agitada por montarme cada vez
Que dios guarde la mirada que clava y los mecanismos que la provocan
Que dios guarde la rúbrica impúdica de su leche en mi cara
Que dios guarde el destino que nos toque cuando nos dejemos
Que dios guarde la sonrisa de bienvenida a mis brazos
Que dios guarde su voz sonando, hirviendo
Que guarde mi desparpajo de reconquista
Que guarde el temblor de todo mi cuerpo debajo de ella
Que guarde el coraje que posee por tenerme
Que guarde nuestra historia en los recuerdos de vejez
Que guarde el deseo
Que guarde los regalos que me hace debajo de mis almohadas
Que guarde nuestros excesos para que nunca tengamos templanza
Que guarde a mis ángeles de la guarda que me guardan archivan y deletean mis accidentes automovilísticos cuando corro a su encuentro
Que guarde el suceso de sorprendernos siempre
Que quien sea dios reciba esta plegaria y que no la guarde en un cajón.
Qué cumpla!

sábado 2 de octubre de 2010

noche de bar

Dos tragos que pudieron ser tres. Espuma de pomelos y pétalos flotan en gin. El hielo roza el cristal y suenan el hielo y el cristal. Moviendo el vaso circundando una mínima superficie de la barra quiero llamar mi atención porque estoy viajando bajando por su espalda, las manos en otro lado, no en el vaso, en el costado encostillado del cuerpo, los dos costados con mis dos manos bien abiertas a la izquierda y derecha la tomo. Quiero marcarle sus limites, que no rebase, quiero hacerla sentir hasta dónde llega, que no expanda, no se esfume, está acá, entre mis dos manos de temperatura de hoguera, de esa manera la marco. Tintineo para volver, me llamo a la gente, a la noche de tragos sentada a la barra, llamada de hielo y cristal. Del otro lado sonríe la que tal vez haya preparado el trago de hielo y cristal, de nombre “no es amor y no me importa”. Le sonrío también. “Es rico” creo que digo de amable. Es rico mas allá de los cumplidos pero mis labios desmayan por el borde del cristal, la espuma y el olor a flor, los pétalos tan cerca apuntan a mi nariz y en el zoom in de mis ojos se alteran por un tris los colores de rosado pétalos a rojo carne, un carmesí profundo de su concha incrustada en los ojos, en un tris de nuevo y otra vez abro la boca y la meto como tragando, es rica en agua, voy sumida a la fiesta en la represa real, no hago sonar nada porque no vuelvo en mí, (conciencia es una palabra inédita) y el vaso al fin revienta sonando bomba al piso damero.

sábado 18 de septiembre de 2010

hoy

es real
las sirenas de ambulancia son pájaros de la mañana, del afuera del barrio. el temblor, de mi cuerpo.
duerme o hace como. Se deja mirar, sólo yo la miro ahora, sabe?, mi mirada está sobre usted y la perfecciono cada vez que la poso, aprendo sobre usted arrobada temiendo el arrebato, que mi calor la sofoque, mi coartada: el edredón casi entrando en estación de transición. Hay intención de delito, es clara abierta, lo intuye pero entregada. Cierro los ojos y no lo permito. Todo dentro de esta oscuridad se intensifica en la piel, en lo oído las respiraciones marcadas en el pecho como cuando los árboles se mecen, el suyo en calma, el mío entrando en la tormenta incipiente. Cerrando los ojos nada evito. Lo que quiero es que quiera, que siga queriendo esto que la espera en cuanto despierte.

domingo 12 de septiembre de 2010

de a dos

Bella mesalina de noches de deroche
la que no tiene dote
la que no tiene coche
la que por la mañana corre
dejando un estelar remolino disoluto
para que usted lo vista
y para que le pese
hasta que la encuentre
de nuevo entre mis piernas
y no le de respiro
ni un poco de paciencia
entre sus piernas
entre su miel
de buena sepa
cae precisa
hasta la boca que la provoca
boca ignorante
boca perdida
boca que grita por otra vez
mientras tanto
recrea como una letanía,
susurrada de imágenes,
manos humedas
que saben de verdades,
que rozan y se hunden
que disfrazo con mi mano
en la noche
que no está.

Santa rosa dormida

la lluvia nos dio un lapso que duró el tiempo de la palabra que pronunció cuando la oyó caer
oí pero miré cómo se hundió en mi boca llevando mas agua saciando no sé qué en mí
rosa santa cruzada en los labios
santa rosa breve burlona sin viento rayos ni centellas del cielo
centellas en el cuerpo partido al medio de embestidas de caderas
sus manos como cadenas enlazandome al sueño a su lado por primera vez.

regalos de cumpleaños

un recorrido breve mostrándole árboles
papeles pintados de crayón
un sobre entregado a usted por el cartero
mi camisa negra
representación de un bolero al azar por la calle sarmiento
permiso para abrir mis cajas atiborradas
espuma de mar
documentos falsos
silencio
una fogata
grillos con ritmo de samba
kilómetros de ruta hacia cualquier dirección
botellita ámbar marca “garré”
películas para nunca llegar a verlas ni a la mitad
luces
asados perfectos
diecisiete dientes de león con la inflorescencia madura
palabras en su boca metidas estampadas
calor
un viaje en camarote
mi respiración cerca de su oreja
enseñarle a oír el ladrido de los perros enamorados después de medianoche
mazo de baraja española
secretos de cualquier tipo
cajitas de fósforos de cera
ramas de chocolate
un retaso de seda con arabescos violetas verdes naranjas
una pizca de cocaína
inquietud
rosarios para que rece no sentir la falta
un sillón de un cuerpo tapizado en gamuza
mi fuente
lo primero que se me ocurra
treinta y siete caricias a su cara

viernes 13 de agosto de 2010

El camarote soñado

Querida es la palabra que le puse en la cavidad de la boca para que la suene repetida.
La coloqué por detrás, de pie. Yo de pie. Colocada de pie, detrás parada pegada roza por detrás de mí. Querida repita abismada entre mi pelo, querida diga. El tren desequilibra nuestros cuerpos. La tarde es verano atravesando la ventanilla. Me tomó por detrás y el latido no era de su corazón. Al latido no lo percibía por el oído, mi oído lleno de querida. El latido me golpea y no es su corazón, ni el mío. La parte golpeada suda, la parte golpeada es un pequeña parte mía trasera. Me tiene por detrás y toca a la vez, hice que comenzara a tocarme palmo a palmo, hombros, mentón, caderas, ingle constante constante constante querida recé, percuta, péguese, despéguese, percuta con el latido cacofónico de la palabra repetida como el sonido de la maquinaria del tren, percutame con el latido que me chorrea detrás. Hice que me callara y que el tren siga. Hice que anochezca y no apareciera la luna. Hice trampa y la inventé rubia blanca. Hice que me tomara fuerte y dijese querida. Yo soy yo, no lleva nombre pero sé quien es. Difícil recrear la voz real pero es femenina de las suaves, de las que lamen. El latido pasó a mí, está en las dos, en sus manos ahora, en mi concha lo siento, lento esta vez pero punzante, el dolor de la sangre contenida cuando no quiere contención cuando sí quiere. El latido llenado vacío llenado vacío. Me acomoda porque pierdo toda estabilidad. Haga durar lo que no llega. Lo hace. El tren sigue y yo tiemblo arreciada como para seguir. Tome entonces, oprima el sexo con la presión que imprimiría en un higo maduro, el mas rico postre en sus manos latiendo. Nunca quise que parara el tren y el tren no paró. No quiero que pare pero no quiero que goce de lo que quiere hacer de mí y sino para lo logra, querida. Hágalo.

sábado 8 de mayo de 2010

TrastornoGrado
ParanoideBAJO
EsquizoideBAJO
EsquizotipicoBAJO
HistrionicoMODERADO
AntisocialBAJO
NarcisistaMODERADO
LimiteMODERADO
ObsesivoBAJO
DependienteBAJO
EvitadorBAJO

Test de personalidad

viernes 5 de marzo de 2010

Punto Parrilla (parte tres)

Para poner la carne a la parrilla es necesario que ésta este bien caliente y para eso las brasas tienen que tener sus calorías al tope, pero a la vez controlar que no estén muy consumidas, sino es combustible erróneamente optimizado. El punto justo de una brasa visualmente a la luz del día tiene que poseer una pelusilla blanca grisácea muy pegada al cuerpo, si esta pelusilla se observa muy desprendida del carbón es porque no está en su apogeo y claramente no tendrá tanta potencia calórica porque ya está consumida. En cambio de noche el color del cuerpo de una brasa ideal es en casi toda su totalidad rojo-naranja y en los bordes, bien al filo, negrísima delineada con blanco.
Así es como se deben poner las brasas para luego colocar la parrilla arriba de ellas por mas de 5 minutos.
Pero no quiero proseguir con una narración al límite de lo científico, ni quiero develar mis ricos secretos. No estoy de acuerdo con que las técnicas de cómo preparar un asado cuasi perfecto, sean populares. Lo popular no me seduce.

Las chicas siguen preparando tragos, siguen fumando sus porros, siguen hablando de mil maravillas.
De la boca les surgen montones de proyectos, uno de los nuevos es un vivero bar, a la vera de alguna ruta de zona norte u oeste. Tenemos la locación, tenemos las funciones que cada una va a desarrollar, tenemos los contactos, sabemos cómo podría ser estructuralmente, pero definitivamente no tenemos el dinero. Mas allá de este detalle, la energía que provoca regodearnos en estos menesteres, es infinitamente valiosa para nuestro espíritu. La niñez, la fantasía, jugar y nunca pero nunca, acabar. Somos ladys, somos guarras, chongos, fatales, dionisíacas, no se vislumbra en nosotras ninguna línea apolínea.
Lo mas envidiable es que el grupo, que no siempre es un staff estable, se conforma de mujeres de la Generación W y de la X, aún no se sumó ninguna de la Z, pero creo que no faltará mucho para que suceda. Comprendemos.

La carne chirría, se contrae y huele. Eso provoca en ellas una nueva excitación, un revuelo de ojos, labios brillantes y lenguas que secretan saliva para lubricar el bocatto di cardinale, porque en Punto Parrilla representamos lo divino, entonces merecemos.
Tomo la cuchilla, con mi ojo experto, elijo una punta que siempre tiene que ser la del vacío, corto, pincho y a mi boca, donde se provoca lo esperado. Feed back vertiginoso. Monto a la moto mas veloz y paseo por el pasado fantástico de este pesazo que mastico. Cuchillas a granel vuelan como pájaros del mar, los terneros hereford descornados las observan sin atino, rumian el desconsuelo, el terror de sus pesadillas, alas plateadas serán lo último que vean. Centenares de cueros rojizos desparramados en un abrir y cerrar de ojos sobre la alfombra verde de nuestro campo argentino.




Continuará…

miércoles 3 de marzo de 2010

Punto Parrilla (parte dos)

Hagamos una retrospectiva hacia el momento de la concreción pura y real;
Viernes cualquiera, 21.00hs, casa de Mara.
Llego con la bolsa de la carne, (porque la carne la compro yo. Mi lema es: “si yo la aso, yo la compro”). Varios pares de ojos acosando el contenido neto de la bolsa: “Guau, qué bueno lo que trajiste¡¡!!”. A decir verdad, no saben bien qué es y lo que vislumbran a través de la bolsa, es un bulto carnoso bien grande, no pueden discriminar la calidad de la cantidad, hacen una comparación directa como la que harían con culos, pijas y/o tetas suculentas a través de las prendas.
Me aposto en Punto Parrilla para comenzar con el fuego, donde en ocasiones podría quemar a una bruja. Armo la torre compuesta de diario, ramas y madera seca, que convergen en pequeños y grandes troncos de cualquier árbol caído. Prendo el fósforo y ya. Llamas. Lola y Ana, vouyeristas del fuego enlazado con la madera, disparan instantáneas digitales eternizando el movimiento envoltorio de llama abrazando a leña. La llama yergue, la leña, brasa iridiscente y yo canto:
“ Cuando en la hoguera hay fuego,
noto dragones
Cuando en la hoguera hay brasas
noto neones.”
Merma la llama y entonces, los lentes de las cámaras se apaciguan con las plantas, si es de día; con los objetos de la mesa, si es de noche.
Un primer polvo y suspiramos, a la espera de tirar la carne a la parrilla y acabo mi segundo trago de Campari,jugo de naranja y mucho hielo.



Continuará…

martes 2 de marzo de 2010

Punto Parrilla (parte uno)

Siempre somos mas de cuatro pero menos de ocho.
En el momento del encuentro existen las mismas constantes: carne, botellas y botellas, dos o tres drogas diferentes y muchas ganas de disfrutar de la vita contemplativa.
Tenemos la concha bien puesta para poder pasarnos días paladeando de lo mejor. Sibaritas conchudas nos llamamos.
La prolijidad va de nuestra mano: ordenamos el sitio, preparamos los tragos, elegimos la música, utilizamos drogas blandas para el vermouth y las duras para el postre. El queso nunca falta y siempre pensamos en la próxima locación para desarrollar nuestros placeres gourmets.
Deberíamos meditar seriamente en sacar provecho económico de todo esto. Siempre lo digo, hermanas.
Hablamos de lo bien que la pasamos en el encuentro anterior. Contamos anécdotas de nuestras vidas juntas haciendo lo que estamos haciendo en ese momento, nos gustamos todas. A mi me arrebatan las ganas de besarlas en la boca, ganas de darles mi mejor beso, el beso mas cargado de leche, pienso mientras hago el asado, porque ese es mi labor principal en los encuentros: asar la carne.
Punto Parrilla, un panóptico perfecto de todas ellas sentadas o paradas pero siempre riéndose.
Aquí nadie me molesta preguntando “cómo va el asado”. Ellas saben que el asado va muy bien y se quedan alejadas pero no ajenas de Punto Parrilla. Cuando el asado sea servido a la mesa, van a sentir que no quieren otra cosa mas que eso: la carne que aso yo. Literalmente, quieren comer de la carne que aso, no lo digo en ningún sentido indirecto: yo aso la carne rozando la perfección y ellas tienen la virtud de saberlo, nada mas, ni nada menos.
En la mesa, antes o después de comer hay tareas que no se asignan a nadie en particular o a todas: manicura y/o maquillaje, fotografía, tal vez alguna que otra niña pregunte si en la casa hay wifi y la dueña con total naturalidad, diga: sí, entonces notemos un despliegue de laptops blancas prístinas,”porque tengo un novio (invisible) que viaja”, se excusa Lariza, perdiendo por un rato nomás a una integrante de la cofradía, mientras tanto los picachus se alinean con los bagullos verdes y blancos y en otro extremo se arman rompecabezas o se crean obras de arte multicolor en conjunto. Todos los encendedores en las manos de Anita.
“Qué putas exquisitas somos y que los antiguos romanos me la chupen!”, ergo, parafraseando un poco al mismísimo gran deportista degenerado.
La parte vegetariana no se queda atrás. Entre muchas verduras que aso, hay una que es de nuestra preferencia: ajo a las brasas. Una o dos cabezas de ajo enteras envueltas en papel platiné tiro como quien no quiere la cosa al fuego. Casi olvido que eso forma parte importante de las piezas que completan el manjar, pero a la hora de llevar las verduras a la mesa es lo primero en ser desenvainado: le quitan el papel, separan los dientes y entre sus dedos los aprietan provocando que suelten una pasta blancuzca pure dulce y fortísimo que untan sobre las papas o la carne, según preferencia. En nuestra mesa no existe, “Please, give me curry” sino, “pasame el ajo que me quiero untar la papa”.
A mi los momentos que mas me gustan de la parte que me toca en exclusiva es desparramar las brasas para regular la cocción, es también disponer la carne en la parrilla como un tetris 3D en directa relación a la temperatura ya regulada, es beber el primer trago que me convidan mirando catatónica como se tensa la piel de la morcilla. Ahora que lo digo, pinchar el chorizo para que se desgrase… escuchar el sonido de las gotas de grasa caer en las brasas es también un momento gozadísimo por mi. Después de unos segundos de arrobamiento, viendo y escuchando el punto justo del chorizo, poniendo pancitos a dorar, oliendo el buen olor de mis manos, apretando mi boca para contener el exceso de saliva y no babear, afirmo en esta intimidad, con Billie Holliday de fondo, que el asado está profundamente hermanado al sexo.
Se que ellas también lo afirman. Desde Punto Parrilla veo cómo mueven sus cabezas lentamente, reafirmando en realidad mas que afirmando, la íntima comunión del asado con el sexo.

Continuará…

martes 9 de junio de 2009

पोर Maríअ Magdalena

-“Mamá” – o esa manera tan personal de llamarme que no recuerdo en qué idioma es. Se refiere a mí, me nombra. Es él llamándome, lo escribo ahora en mi lengua, “mamá”.
-Eso de la muerte, le pasa también a los animales?
Le digo que sí. Su todo se enturbia. Le digo “no es para ponerse triste” (que loca soy: “no es para ponerse triste” le digo, la palabra materna es rara, potente. Lo obliga a ir a contramano de sí y a la vez lo protege (o intenta protegerlo, o protegerme a mí?) Al final, lo que es, es eso nomás)
Lo que pasa es que cuando su madre le dice que no es para ponerse triste, se da cuenta que se puso triste. Su madre lo nombra, y eso que podría nombrar otras cosas… Podría nombrar el cielo, podría nombrar su nombre, podría cualquier cosa. Pero su madre soy yo y soy yo la que contesta, sin estar nunca preparada más que por él, por lo que de él me dice, por lo que de él soy. Y tal vez no sea tristeza, tal vez la triste sea yo. Y seguro que él tiene razón. Eso seguro, él tiene razón pero yo le digo que no. Le digo que no es triste la cosa. (oh! El niño habla!)
Y días más tarde me lo pregunta de nuevo. En su idioma que no sé cuál es pero lo entiendo. Le contesto en mi lengua, el español. Sí, le pasa también a los animales. No quiero abundar, se ve. Silencio.
Mi hermoso hijo, no lleno de todas mis faltas. Mi precioso hijo para quien yo soy su madre. Sueña que una mujer le dice, sueña que yo no estoy, sueña, me cuenta. Me cuenta 1, 2, 3, me pregunta, lo quiero tanto, si está bien, la cuenta. Sí, mi querido hijo, los árabes inventaron la astronomía, los indios comen cobra, dios nunca nació y nunca se muere. Me dice que quiere ser dios.
Y es muy raro, yo no quiero ser dios. Debe ser eso, lo del final de la infancia. Pero no se lo puedo decir, es un secreto.