miércoles, 3 de marzo de 2010

Punto Parrilla (parte dos)

Hagamos una retrospectiva hacia el momento de la concreción pura y real;
Viernes cualquiera, 21.00hs, casa de Mara.
Llego con la bolsa de la carne, (porque la carne la compro yo. Mi lema es: “si yo la aso, yo la compro”). Varios pares de ojos acosando el contenido neto de la bolsa: “Guau, qué bueno lo que trajiste¡¡!!”. A decir verdad, no saben bien qué es y lo que vislumbran a través de la bolsa, es un bulto carnoso bien grande, no pueden discriminar la calidad de la cantidad, hacen una comparación directa como la que harían con culos, pijas y/o tetas suculentas a través de las prendas.
Me aposto en Punto Parrilla para comenzar con el fuego, donde en ocasiones podría quemar a una bruja. Armo la torre compuesta de diario, ramas y madera seca, que convergen en pequeños y grandes troncos de cualquier árbol caído. Prendo el fósforo y ya. Llamas. Lola y Ana, vouyeristas del fuego enlazado con la madera, disparan instantáneas digitales eternizando el movimiento envoltorio de llama abrazando a leña. La llama yergue, la leña, brasa iridiscente y yo canto:
“ Cuando en la hoguera hay fuego,
noto dragones
Cuando en la hoguera hay brasas
noto neones.”
Merma la llama y entonces, los lentes de las cámaras se apaciguan con las plantas, si es de día; con los objetos de la mesa, si es de noche.
Un primer polvo y suspiramos, a la espera de tirar la carne a la parrilla y acabo mi segundo trago de Campari,jugo de naranja y mucho hielo.



Continuará…